Ni la acampada en Barcelona, ni en Madrid en la Puerta del Sol ni ninguna otra toma de plaza en las ciudades europeas va a convertirse en el símbolo que fue la plaza Tahrir para las ansias de libertad de los pueblos árabes.
En primer lugar, los gobiernos o más bien dictaduras que gobernaban y aun gobiernan en algunas naciones árabes han expoliado sin piedad las arcas estatales en beneficio del gobernante y su camarilla de turno con la connivencia de las empresas occidentales, sumergiendo al país y a su pueblo en la más absoluta pobreza.
En segundo lugar, la ocupación de la/s plaza/s y las reivindicaciones justas posteriores, ha significado para el poder como siempre, una guerra abierta a sus intereses y eso supone siempre la represión mediante la fuerza de las armas y las consecuentes muertes de civiles.
La muerte supone un aviso de la intolerancia del gobernante de turno donde indica claramente cuales son sus intenciones: no dejar el poder sin sangre, no la suya, sino la del pueblo a quien se supone que representa y debe velar por su bienestar.
Para el ciudadano del país, su lucha es la lucha de quién no tiene nada que perder pues no tiene nada, Hay mucho que ganar y poco que perder, salvo la vida.
Las reivindicaciones de democracias plurales en lugar de dictaduras vitalicias es la petición de los hombres y mujeres de esos países en pos de una vida mejor para ellos y para sus hijos. Y ahí empiezan las diferencias con el movimiento del 15M en España.
La democracia está consolidada en España y por ende, en Europa. La corrupción, en nuestro país, siempre ha estado presente, si bien se circunscribía a los círculos de poder establecido, en estos últimos años tomo fuerza en todos los estamentos. Quizá lo que ha salido a la luz no ha sido lo suficientemente grave como para que el ciudadano de a pie haya acudido a las urnas para seguir votando y si cabe con más fuerza aquellos que en lugar de representarlos se han enriquecido a su costa: esta es la lección que se aprende después de ver el resultado de las votaciones.
Aún cuando en España, el número de parados reales este por encima de los 5 millones (cada desempleado inscrito en un curso de formación causa baja en la lista de desempleo mientras dura el mismo) y en un porcentaje importante el subsidio ha sido agotado su nivel de subsistencia es cubierto por la ayuda de los familiares y el trabajo a precario.
Este colectivo, importante en número y en fuerza no se mueve, esta adormecido, esperando no se sabe bien el qué, sin nadie que le represente.
La clase política que merecería un patada en el culo por parte nuestra al no haber sabido ninguno de los dos “líderes” sentarse a abordar el problema de la crisis española y consensuar los planes de recuperación, por el contrario se han dedicado como en un patio de colegio al juego de no me junto contigo, te pongo el dedo en el ojo, espectáculo vergonzoso que merecería por nuestra parte un voto de castigo en las urnas y que se marcharan a su casa por su manifiesta ineptitud e ineficacia.
Toda revolución que quiera un cambio, jamás ha sido pacífica y necesita de un líder reconocido por todos como quien sea capaz de recoger, aglutinar, canalizar y expresar lo que el pueblo quiere y necesita, alguien que represente esos valores que se han perdido.
Gandhi, hubo uno, pero ni tan siquiera su revolución pacífica estuvo plagada de represión y muerte. Solo el movimiento de todo un pueblo fue capaz de cambiar el curso de la dominación inglesa.
En Europa, el mayo del 68 fue todo un símbolo para una generación aún cuando fuera absorbida posteriormente y devorada, sus lemas, entre otros, “Pidamos lo imposible” generó graves enfrentamientos con el poder establecido que movieron y conmovieron al mundo, deberíamos mirar hacia atrás para aprender como se generó ese movimiento..
Nuestro modelo se parece más a la revolución estudiantil de Grecia, en donde el Gobierno griego no disimulaba y así lo expresaba el que todo era un problema de tiempo, el cansancio haría mella en ellos y las protestas se acabarían tras unos días o semanas, era cuestión de tiempo, sus reivindicaciones no tenían ninguna posibilidad de llegar a buen puerto.
Todo parto necesita de un proceso de gestación y a mi parecer, estamos en ese proceso de gestación. ¿Asistiremos al parto? O simplemente, habrá sido una falsa alarma de embarazo.De todos modos, la semilla está puesta.
Pero mientras tanto, el poder establecido piensa: “Como no nos preocupáis, seguimos con lo nuestro”.
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