Hoy se ha producido lo que cabía esperar de los no indignados, la respuesta medida y por la fuerza de lo que ha colmado su paciencia e irritación: los indignados.
Quizá cabría reflexionar que como siempre hay dos clases de no indignados: los que utilizan el poder que les da la fuerza para combatirlos y los que pacientemente se miran el espectáculo y opinan desde sus casas.
Para los primeros, su tolerancia tiene un límite y las excusas para justificar una intervención policial siempre rondan el histrionismo: males mayores, la limpieza del lugar público, el orden, etc. Esa misma limpieza y orden que son incapaces de poner en sus asuntos propios pues en la mayor parte de los casos, la miseria y la podredumbre vagan a sus anchas.
Por otro lado, tenemos a los no indignados pacientes observadores desde sus casas, grandes dialogantes del que y porque de ese movimiento siempre plagados de frases estereotipadas y carentes del más mínimo rigor.
Y ya dentro del más puro absurdo, la visita de alguno de los prohombres científicos con espacio en televisión arengando a la masa de indignados y dándoles su “sabio” consejo mientras discretamente huía por el foro con el ánimo henchido por el bien hecho.
Pero es que detrás de este movimiento hay mucho más de las propuestas “inviables” según unos y otros. Estas personas que se han pasado día tras día viviendo en una plaza para expresar su indignación están con su acción defiendo nuestros derechos los derechos de todos los que estamos sin hacer nada: están debatiendo que hacer para denunciar la política de bancos y cajas, están defiendo el trabajo para todos, el derecho a tener una vivienda digna, un salario justo, una vida con esperanza no la miseria de ideas y de desilusiones que sus padres y los padres de sus padres y los padres de los padres de sus padres lucharon para conseguir ese bienestar que ahora se está liquidando por la codicia de unos pocos. No es a ellos solos a quines debemos prestar nuestro apoyo moral, esto va con nosotros, con cada uno, con cada uno de los 5 millones de parados, con cada de los funcionarios que ha visto disminuir su salario y reducir el servicio, el mismo servicio que esta prestando, con todos aquellos agricultores que han tenido que cerrar sus granjas porque gracias a
Cada golpe asestado para desalojarlos debería ser un golpe en nuestras conciencias así es como defienden los privilegios de los que ahora nos van a terminar de quitar lo poco que tenemos.
Debemos volver a recuperar no la plaza , sino nuestra dignidad e ir a la plaza Cataluña, a
Para defender la vida de Miguel Ángel Blanco se salió a la calle para pedir su vida, y ahora no podemos salir para pedir nuestra vida, la que quieren y están liquidando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario